El cambio climático está provocando un aumento de la temperatura en las aguas, lo que afecta directamente al kril, el principal alimento de las ballenas. Este fenómeno, sumado a la caza indiscriminada, ha reducido drásticamente las poblaciones de este crustáceo, poniendo en peligro la supervivencia de especies migratorias.

Las ballenas, al igual que otros animales que migran, juegan un rol fundamental en los ecosistemas. A través de sus movimientos contribuyen a procesos ecológicos clave, como el transporte de nutrientes y la polinización de plantas. Proteger su hábitat es una prioridad urgente.

El Fondo Mundial para la Naturaleza ha advertido que, si no se toman medidas inmediatas, muchas de estas especies podrían enfrentarse a la extinción. La conservación de los animales migratorios debe convertirse en una responsabilidad global para asegurar su supervivencia y la salud del planeta.