La generación de electricidad y calor es responsable de una gran parte de las emisiones de CO2. Para abordar este desafío, gobiernos alrededor del mundo deben invertir en fuentes de energía limpia como la hidroeléctrica y la nuclear. Un caso emblemático es Brasil, cuyo compromiso con la energía hidroeléctrica ha permitido reducir las emisiones considerablemente.
Otro ejemplo es Francia, que obtiene más del 70% de su energía de plantas nucleares, demostrando que esta opción, aunque controvertida, puede ser una solución sostenible y segura.
Para enfrentar el cambio climático, es crucial que los países empiecen a planificar a largo plazo, adoptando nuevas estrategias energéticas que reduzcan las emisiones de CO2 en las próximas décadas.