La mezcla del arte romano y oriental en Siria desde el siglo II tuvo un impacto significativo en el desarrollo del estilo bizantino cristiano. Arquitectos orientales, como Apolodoro de Damasco, participaron en grandes proyectos en Roma, reflejando la influencia cultural de Oriente en Occidente.

Monumentos en Baalbek, Palmira y Petra muestran la prevalencia del arte romano sobre las influencias locales. Los cultos extranjeros, que llegaron a Roma desde tiempos de la República, también trajeron nuevos estilos artísticos. La Magna Mater y otros dioses asiáticos y egipcios dejaron una marca duradera en la arquitectura y arte romano.

El arte romano no solo se impuso en regiones remotas, sino que también se enriqueció con la incorporación de elementos de distintas culturas, creando una amalgama única que perdura hasta nuestros días. Esta fusión cultural es visible en la arquitectura y arte romano, evidenciando un intercambio de ideas y estilos a lo largo de los siglos.